Ansío Libertad y Amor
Dice el vals que toda repetición es una ofensa.
En una sala cargada de imágenes de esta república, con nuestros dioses,
nuestros muertos, nuestros desaparecidos, nuestros colores y nuestros olvidos
una voz mecánica repite “ante todo el Perú”. ¿Qué país invocan estas palabras? La
sala de Yuyachkani habla de un país, otro, escondido por los discursos
oficiales, que no es este Perú al que quieren imponerle ese “ante todo”. Doscientos
años de excluir del imaginario patriotero a los que efectivamente viven, hacen
y sufren la historia.
El retrato de San Martín rodeado de militares y
un wiqsa sapa cura. Así se fundó la
república, las gentes de este país tan diverso no aparecen. Los “fundadores”
imaginaron un país desde ellos y para ellos. Y ahora todos sabemos que ese país
que nos proponen pongamos “ante todo” no es el nuestro, es uno ajeno que ha
significado exclusión y subordinación para la inmensa mayoría de peruanos.
Pero el discurso repite y repite “ante todo el
Perú” dando por natural que el Perú es ese que ellos inventaron a costa del
sufrimiento de generaciones en las ciudades, donde nuestros muchachos se educan
para trabajar encerrados bajo llave en labores que no necesitan de su espíritu
de creación y sus deseos de vida buena, en la ruralidad de donde cada vez más
gentes se marchan, para pasar al empleo temporal en exitosas agro exportadoras,
en la amazonia sometidos a la pérdida de su identidad, su lengua y su sentido
de comunidad, inundados por la trata de personas, las ETS, el narcotráfico, la minería
y la tala ilegal. Mientras esto ocurre y el Estado es incompetente para
garantizar derechos, y en la sociedad, con mucho esfuerzo sobrevive tejido
social capaz de resistir, de protestar, de proponer.
Mientras esto ocurre, digo, este Discurso de
Promoción nos estremece, nos están invitando a recordar, a reunir todo lo que
ya sabemos y mirarlo con estos ojos, con estas manos. No hemos sabido cuidar el
alma ciudadana. Hay que hacer opciones. De un lado, la ficción de ese Perú que
quieren ponernos “ante todo” y de otra, la dura realidad de nuestras muchachas
sometidas a la trata, de las y los jóvenes a quienes no se les quiere
pensantes.
Próximos al bicentenario de la fundación del
Perú como república, Yuyachkani este domingo nueve culminó la temporada de
Discurso de Promoción. ¿Hay algo que celebrar? Un país que ha vivido y vive
momentos cruentos ¿Qué hay que hacer? Tal vez alimentar la emoción profunda de
querer otro país. Las palabras del poeta arequipeño nos traen otra vez el
anhelo que perseguimos.
Que no es cierto que todo está perdido, aunque
día a día vemos perderse este país y oímos la risa perversa de los de siempre
repitiendo una y otra vez “ante todo el Perú”, el país desborda una terrible
dulzura que el sufrir no apaga, descubrimos que la reserva ética y política que
aún puede hacer viable este país es la ternura, de allí viene la posibilidad de
tejer entre nosotros, de condolernos y sobre todo de indignarnos, de agitar el
alma ciudadana, de ganas de amar y de parir una y otra vez el país que soñamos.
Tenemos proyecto. Este que nos regaló el poeta,
apenas cuatro palabras que dicen lo que queremos, lo que puede unirnos. Y yo,
penetrado como todos ustedes por este país, cargado a veces de ira e
impaciencia, que me río con tantos con los que he crecido, que me rebelan las
tiranías todas, declaro también mías sus palabras para decir lo que quiero de
este país, de mi vivir en él: ansío libertad y amor.

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